Bitácora de los socialistas y vocales vecinos de distrito Centro


Opinión

TENGO UNA PROPUESTA Y OS PIDO LA PALABRA

Por RAMON LLORENTE. Tengo una propuesta. Una propuesta para ciudadanos y ciudadanas libres. Un sueño de independencia y de comienzo. Una propuesta de amor para nuestras hermanas y hermanos blancos, para nuestras hermanas y hermanos negros, hermanas y hermanos de origen asiático, árabe, americano o de otros confines y que se han asentado en nuestro territorio. También con ellos sí, con los nuevos colonos de Europa.

Mi propuesta es una propuesta de justicia humana, es : solidaridad y fraternidad. Una aventura de arquitectura social y poesía, de valor y generosidad. Valor para disociar tradición y perpetuidad. Generosidad para frenar el pasado que nos frena en pos de un nuevo mundo donde los individuos sean más felices.

Muchos soñamos que una nación nueva palpita ya en los vientres de todas las madres de Europa y esta debe de arraigar y crecer en las aulas de todos los institutos y universidades del territorio de la Unión.

Una nación capaz de enarbolar ante el mundo los valores de la dignidad humana y de la globalización del bienestar.

Una nación que defienda en los foros internacionales la progresiva implantación en la humanidad del modelo europeo de la asistencia sanitaria y de una educación pública y gratuita. Una nación sólida que presione hasta conseguir la abolición de la pena de muerte y la tortura en el mundo.

Un territorio, Europa, que declare guerra a la guerra, a la hambruna y al analfabetismo en el planeta.

Pero para que nazca no debemos seguir secuestrando acontecimientos históricos al conocimiento general y a la docencia, sólo para beneficio de los Estados Nación de Europa.

Es necesaria la objetividad.

El europeísmo no comienza con la Comunidad Europea, ni con la que se llamó la Europa del acero y el carbón. No es hijo del siglo XX pero si de la Ilustración. Ya en plena Revolución Francesa el pueblo de París derribó la cárcel de La Bastilla al grito de “República para Europa”. Los independentistas americanos y los revolucionarios bebían de las mismas fuentes. Lemmonier editaba su periódico “Los estados Unidos de Europa”, se enarbolaba así el proyecto antes de que tomara nombre la naciente república americana.

Los hechos demuestran que no se trata de copiar a nadie y si de aprobar nuestra asignatura pendiente. El europeísmo nace de los mismos valores republicanos de: “Igualdad, Libertad, Fraternidad” y no es de extrañar, por tanto, que personajes tan destacados como Garibaldi o Victor Hugo hicieran causa común con él a través de su activismo en las Ligas Europeístas.

Muchos somos los que tenemos el sueño de ver vertebrarse un verdadero Movimiento Federal Europeo de Defensa de los Derechos Civiles que reivindique el desmantelamiento de los veinticinco Apartheid, de los ancianos Estados Nación con vocación de perpetuidad. A ellos les debemos las guerras continentales y coloniales, la obstrucción a la creación de un patrimonio referencial común, viejos conflictos soberanístas o independentistas, las desigualdades salariales y de derechos laborales y políticos entre los ciudadanos europeos, mientras para las mercancías y el dinero ya existe una nacionalidad única: es aberrante.

Compartimos muchos el sueño de los derechos civiles que soñara el reverendo Martin Luther King o Ghandi y, por ello, me atrevo a pediros que reflexionéis sobre la conveniencia de organizar marchas y concentraciones pacíficas por el nacimiento de una nación. Nada nos será regalado.

Nacimos iguales y con iguales derechos la razón quiere que convivamos. Con el nacimiento de la moneda única la historia coloca a nuestras generaciones de coetáneos en el privilegiado momento objetivo de reivindicar lo que ayer parecía imposible.

Ha nacido un pueblo y ese pueblo tiene derecho a ser reconocido y a ser soberano, a tener una participación directa y democrática en la construcción de la Unión, a terminar, de una vez por todas, con el sistema de democracia indirecta y de mirada estrecha y obsoleta que propugnan nuestros Estados interiores, los señores de Taifás.

Hemos de terminar con determinada política planificada de la división de la gente humilde para implantar unas leyes de mercado que nuestra cultura repele y que ha llevado al mundo a esta gigantesca crisis que amenaza con llevar al paro y a la miseria a más de un 30 por ciento de la población activa.

Durante años algunos se han esforzado en pretender que los trabajadores en activo criminalizaran a los parados de larga duración tachándoles de parásitos y, a su vez, que estos recelaran de los inmigrantes por ocupar los puestos vacantes de las ofertas de empleo y que, estos últimos, se sumaran también a la cadena de la desconfianza, el miedo y el odio, prolongando ese recelo también entre los inmigrantes legales hacia los ilegales, los sin papeles, por temor de nuevo a que una mayor competencia abaratara, aún más, la mano de obra y de que el aumento de la pobreza fuera utilizado como caldo de cultivo para alimentar aún más la xenofobia.

Dividieron en cuatro la fuerza del trabajo para garantizarse una nula oposición popular al dictatorial proyecto de convertir el mercado en gobierno de gobiernos.

Y es así. es por ello, como hemos sido testigos que los fondos públicos de los Estados han servido para intentar sanear los huecos de la banca y los negocios privados. Hemos sido testigos de como los tesoros públicos, con ópaca información pública,  de nuestros Estados  se ponen al Servicio de una Neo-medieval nobleza financiera, parta evitar su bancarrota y la perdida de sus enormes lujos y privilegios. Cuando lo único sensato y ético es que lo que ha sido y sea rescatado con dinero público pase a ser de inmediato de propiedad pública. 

Es posible hacer algo, tengo la seguridad y la confianza en ello y en mis semejantes, es posible cambiar el rumbo de los acontecimientos, sí, pero para que ello sea posible es necesario la transparencia y la democratización interna de los partidos; es necesario la elección por primarias de todos y todas los que integren cualquier lista electoral; que ningún cargo público, por pequeño que este sea, supere un segundo mandato; que nadie pueda tener un cargo en un partido y en la administración pública al mismo tiempo. La democracia exige rotatividad como única garantia contra el clientelísmo o las castas eternas. El protagonismo debe de ser exclusivamente de los ciudadanos, y de las fuerzas sociales. Ya es prioritario que dejen de hablar de nosotros, los pueblos de Europa, como si fuéramos distintos. 

Necesitamos, para que la modernización de todo el conjunto de nuestra sociedad sea un hecho, que los partidos políticos que pretendan representarnos modifiquen sus estructuras en federales y, por lo tanto, en representativas de todo el territorio unido y de permitir así que fluyan por ellos la sabia fresca de las corrientes de pensamiento.

La falta de contenidos en las campañas electorales europeas es patético, de lo que menos se habla es de Europa. La falta de propuestas valientes y decididas en la construcción en la Europa política por parte de nuestra clase política refleja exactamente lo acomodada que ésta está en el presente y su escasa ambición de cambios profundos para un futuro distinto.

Necesitamos vertebrar un movimiento de ciudadanos de Lisboa a berlín y mañana hasta el último confín de esta Unión ampliada para ser capaces de dar formas de respuestas y defensas civilizadas, elegantes, porque somos la ciudadanía eficaz de Dublín a Palermo que no debe permitir que nunca más un cargo público, un dirigente político, pronuncie la característica descalificación del déspota ilustrado:”El pueblo, la gente, no está preparada”. Nosotros somos el pueblo y quién pretenda nuestros votos para representarnos no debe de sentirse diferente.

La verdadera Europa, como afirmara Delors, “se construirá lejos de los palacios, en las calles o no se construirá” . Se construirá en base al derecho a la autodeterminación de los europeos frente a otros poderes mundiales que intentan desmantelar nuestros modelos de protección social y romper la Unión. Se construirá laica, republicana y defensora de los derechos humanos, por lo tanto, deberá de imponerse al pensamiento totalitario que pretende que la política quede subyugada a la economía. Ya es multirracial y para que sea democrática debe de acoger la garantía de defensa y de desarrollo de los derechos de todos sus pobladores en una nacionalidad común, en un marco común de igualdad de derechos y oportunidades: la proclamación de La Constitución de los Estados Unidos de Europa.

Y con el principio de “un ciudadano, un voto” la libre presentación a sufragio universal para ocupar la presidencia, la vicepresidencia y las cámaras.

Tengo la idea de que en un lugar del mundo no es importante ni poderoso ningún gendarme mundial, ni sirvan los bloqueos económicos, ni las presiones, ni las exigencias, donde los ancianos y los niños puedan ser felices, donde los derechos que conquistaron nuestros abuelos son respetados y desarrollados.

Traigo la muy hermosa propuesta de ver una muy distinta Unión Europea encabezando un movimiento de países no alineados con las tesis neoliberales y sus resultados de millones de vidas perdidas por la explotación y la inianición a la que se sigue sometiendo  a una gran parte de la humanidad.

Traigo la propuesta de caminar por las calles con mis hermanos europeos y de las comunidades afroeuropeas, asiaeuropeas, araboeuropeas, ameroeuropeas, para marchar de forma pacífica, entralazados codo con codo, mano con mano, para reivindicar el nacimiento de un hermoso y universalista país sin parados, ni minorías maltratadas en las comisarías, donde el ejercicio de nuestra libertad sea una característica constante de nuestra idiosincrasia y la existencia de un documento de identidad nacional común para todos los europeos, sea cual sea su color de piel, la mejor prueba de que la integración pasa de ser un discurso a ser un hecho. Un país de todos en donde la buena vecindad, la útopía y la poesía dejen de ser incompatibles con la política.

Como afirmara el Dr. Martin Luther King, aquella calurosa mañana de Washington del 28 de agosto de 1963:

Hoy he tenido un sueño!

He tenido un sueño en el que algún día cada valle será elevado, y cada colina y cada montaña serán allanadas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos …y todo género humano se reunificará”.

VOTAR SOCIALISTAS ES CONSTRUIR EUROPA

Por RAMON LLORENTE. El sueño de Europa, es el sueño de la paz y la convivencia. Podemos hablar de Alianza de Civilizaciones porque nosotros, como europeos, hemos sido capaces de realizarla enterrando para siempre un pasado de guerras y recelos. Querer es poder, y hoy los socialistas europeos compartimos un mismo sueño y una misma causa: la idea de una Europa más unida, más política y más solidaria y comprometida con el desarrollo del bienestar en el mundo. Por eso ejercer tu derecho al voto para las elecciones al parlamento europeo es tan importante.

Detrás de cada mujer y de cada hombre socialista hay un europeísta convencido y defensor de las posibilidades que el desarrollo de la Unión nos depara. Esto es y ha sido siempre así: fue durante los gobiernos de progreso del Partido Socialista Obrero Español que nuestro país, unido de la mano con Portugal, entró en la entonces C.E.E. Y fueron esos los años en que más iniciativas llevó nuestro país para convertir la Comunidad Económica Europea en la que hoy es la U.E. Durante ese tiempo, el gobierno socialista español no solo impulsó la modernización de un país que salía del atraso de 40 años de dictadura militar, sino que supo crear los puentes para unirnos definitivamente al resto de los ciudadanos de Europa. De esta manera, la universalización de la sanidad para todas y para todos, sin exclusiones, llevada a cabo por los gobiernos de Felipe González y su batalla por la  Ciudadanía Europea fueron llevando a España del furgón de cola hasta los primeros vagones de la locomotora de la Unión.

Hoy, nuestro país, es un referente de los derechos civiles. Las leyes de igualdad de género, el compromiso con los más necesitados, el ejemplo de las mujeres españolas en su lucha por la igualdad, la conquista de derechos y el fin de la discriminación de un colectivo tan injustamente maltratado como el homosexual, etc., etc… han colocado ha España a la vanguardia de los derechos civiles en Europa y en el mundo. Hoy viajar con un pasaporte español es un orgullo; pero al igual que estamos orgullosos de ser españoles, los socialistas, también los estamos de ser Europeos: un continente donde no se admite la tortura, ni la pena de muerte; una Unión cada vez más política, la Europea, basada en los valores democráticos y la Tolerancia.

Votar para conseguir tener una mayoría de progreso en el Parlamento Europeo es de suma importancia si queremos impulsar el desarrollo político de la Unión: mayores competencias legislativas para el Parlamento Europeo, que Europa hable con una sola voz en el mundo, un mayor compromiso de los europeos en la lucha por el bienestar y el desarrollo de los pueblos del mundo más desfavorecidos: esto es una Europa solidaria. Los socialistas tenemos como horizonte un salario mínimo europeo, unas protecciones sociales para todos. Es decir, no recortar los derechos de los trabajadores, sino ampliarlos e igualarlos por arriba.

Votar a los Socialistas Europeos es la garantía para frenar los intentos mercantilistas  de los conservadores, que pretenden: que trabajemos más horas semanales por menos o idéntico sueldo, privatizar todos los sistemas públicos, mantener el dogma del mercado hasta el punto que este escape de los controles democráticos de la sociedad.

Votar por los socialistas es seguir reafirmando el compromiso con el Stop a la guerra. No queremos un mundo en beligerancia. Los conservadores ya nos demostraron cual era su receta en la convivencia mundial: las guerras preventivas, muy bien representada en la llamada “foto de las Azores”.

El Partido Popular nos metió en una guerra ilegal en Irak, rompiendo así la incipiente política de defensa Europea. El Partido Popular, con su visión ultranacionalista, ha votado sistemáticamente contra todas las iniciativas que querían impulsar y desarrollar la Unión Política Europea. El Partido Popular, incluso, llegó a avergonzar a todos los españoles y a todos los demócratas europeos al votar en el Parlamento Europeo contra la condena al régimen fascista del general Franco y sus crímenes.

Iremos a Europa no con un sentido provinciano, independentista, arcaico y ultranacionalista de España como hacen los conservadores.

Los socialistas iremos a Europa para impulsar Europa, para desarrollar el compromiso de convivencia en paz y encuentro entre los pueblos. Porque no todos somos iguales: VOTA SOCIALISTA, VOTA POR EUROPA.


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