Bitácora de los socialistas de distrito Centro


Prudencia y temeridad
27 diciembre 2012, 1:36 pm
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Puerta del SolPor Enrique del Olmo. Después del resultado de las elecciones gallegas (donde se ha perdido 10 puntos y 230.817 votantes), del país vasco (donde se ha perdido el gobierno, y 119.961 votantes y también el 10 %) y los últimos de Cataluña donde la caida ha seguido la lógica general, sorprende sobremanera que la respuesta de la dirección federal del Psoe sea “seguimos porque estamos elegidos hasta el 2016” “no estamos solo para los buenos momentos” “nadie me ha cuestionado en la ejecutiva”, primarias para ¡¡¡el 2015!!! y el único gesto es “aceleramos” la reflexión ideológica y política. Que nadie sabe que es eso. Asombrosamente nadie asume responsabilidades y de nuevo todo gira a si Griñan quiere ser el nuevo secretario, si Patxi viene a Madrid o si Chacon reaparece contra el independentismo. Y todo ello bajo el llamamiento a ser prudentes en tiempos tan malos.

No me parece que la discusión hoy sea sobre dimisiones, responsabilidades, aunque sea un tema que está ahí y que será la salida lógica, el problema es mucho mas profundo y que refleja con claridad la salida en falso que significo el Congreso de Sevilla. Los datos electorales, las encuestas, la sensación de la calle, las bajas en la militancia,…todo absolutamente todo muestra la perdida de peso social del Partido Socialista, la baja credibilidad que para la ciudadanía tiene lo poquito que se dice. Ya no es que se esté en acuerdo o desacuerdo es que ni siquiera se le presta atención. La desafección con la política de parte creciente de la población, el que los políticos sean considerados el tercer problema de este país, el que el PP pierde apoyos pero el PSOE mas, el que Rubalcaba tenga valoraciones por debajo de los mínimos exigibles,…todo ello no importa absolutamente nada, eso es lo que llama poderosamente la atención, nadie se preocupa que ese sea el proceso social irrefrenable y no aparece ninguna capacidad de reacción, si se pincha en las venas del PSOE es dudoso que salga sangre. Todo está en claves de sobrevivencia individual e interna de reparto decadente de las migajas mientras el país democrático construido en estos 30 años, ejemplo para tantos otros países que buscan la senda de la democracia se hunde a pasos agigantados bajo la piqueta destructora de la Unión Europea y del Gobierno Rajoy, el PSOE columna vertebral de esa construcción desaparece en un proceso acelerado de Pasokización que ni los mas pesimistas esperábamos.

Parece que nadie se da cuenta de la enorme diferencia que existe entre los tiempos internos y los tiempos sociales. La pérdida de peso social no espera a que los diversos liderazgos o subliderazgos se adecuen, sopesen sus posibilidades, estudien sus alianzas, tantee sus apoyos, midan sus palabras…la realidad va por otro lado. Un partido que tenía un piso del 30 % electoral hoy casi se sitúa en un 20% de techo, hoy en Galicia en un mes se organiza una alternativa de izquierda ANOVA que llega al 14 % y se identifica como la Syruza gallega. Según las encuestas el PP pierde por primera vez en 15 años su mayoría absoluta en la Comunidad Valenciana, pero la primera fuerza de la izquierda es Compromis, en Cataluña la sangría se produce en todas las direcciones ICV, PP; en Euskadi el tiron de Bildu por un lado y la solidez del PNV por otro, ha dejado al PSE bajo mínimos, y eso que en Euskadi no hubo lugar para una alternativa a la izquierda entre otras cosas por la incapacidad de IU de ir juntos entre Ezker Batua y Ezker Anitza que les ha privado de tres parlamentarios; en Madrid con una crisis institucional del PP importante, UPD se consolida y nosotros no arrancamos aunque estemos cada vez mas presentes en las movilizaciones y el rechazo social a las políticas del aguirrismo.

El PSOE va muy por detrás del movimiento de la sociedad y además por parte de la dirección con una importante desconfianza y prevención respecto a lo nuevo. Ese es el gravísimo error. Parecen mas preocupado de la “institucionalidad” que del avance social, la desconfianza respecto a los políticos socialistas parte no sólo de las líneas profundamente equivocadas que se han tenido sino de la incapacidad manifiesta para asumir errores, cambiar conducta y humildemente ponerse al lado de la gente. No sirven declaraciones generales de que se quiere estar con las personas que sufren y que se entienden los motivos para las movilizaciones y las acciones en la calle. El problema es saber que lugar se quiere ocupar en esta nueva situación política y social. Nadie se va a creer las maniobras de regate corto que para la gente es puro oportunismo de situarse al lado de la ola que viene: ora jacobinos, ora autonomistas, ora federalistas. Cuando la calle aprieta hablamos de reforma electoral para olvidarnos rápidamente. Un ejemplo duro y dramático: los desahucios. Después de votar en sucesivas ocasiones contra la dación en pago o contra las propuestas de las Plataformas, después de ser parte del blindaje (con el argumento de la “legalidad”) de la usura bancaria, después de que la calle se convirtiese en un clamor contra esta barbarie, de que las plataformas contra los desahucios evitasen cientos de expulsiones, cuando el terrible suicidio de Amaia Egaña se ha producido, cuando los jueces se niegan a secundar tanta injusticia, cuando alcaldes socialistas como el de Montoro, o los de Vigo y Zaragoza se niegan a colaborar, cuando un sindicato policial llama al desacato, cuando hasta los bancos se plantean renegociar….Es en esos momento cuando se presenta una iniciativa legislativa y cuando se plantea negociar con el PP, pero ni siquiera aquí se mira hacia la calle diciendo “los socialistas llevamos este planteamiento de mínimos” y no vamos a dar cobertura a salidas falsas. La sociedad no sabe siquiera cual es la propuesta socialista y cual la de la derecha. Este es el problema de fondo, esta es la base de nuestra caída en picado, a pesar de los esfuerzos de miles de militantes por estar en los sindicatos, en las asociaciones, en las Asambleas del 15-M, en las mareas blanca, verde, negra o violeta. Este esfuerzo no es acompañado políticamente por la crítica a fondo del pasado reciente y por la propuesta global y alternativa a la política del gobierno. Dejémonos de discusiones bobas sobre oposición útil o oposición dura, lo central es que nadie sabe ni donde está el PSOE, ni que rechaza de la política que aplico cuando estaba en el gobierno (quiero recordar que el Congreso de Sevilla aprobó abrumadoramente la gestión de la dirección Zapatero de la cual luego todos echan pestes), lo importante es que nadie sabe si se tiene política realmente alternativa a la de Rajoy (mas allá de los lamentos por los recortes y decir que nosotros lo haríamos con sentido social, o de que pediríamos mas tiempo para cumplir las exigencias de los acreedores), los importante es que los ciudadanos sepan si se tiene y se esta dispuesto a luchar por una salida a la crisis diferente como señalan una y otra vez todas las organizaciones sociales. No sirve enviar a algún dirigente a las movilizaciones, es un giro completo hacia la sociedad, hacia sus necesidades y sus acciones es saber que nuestro territorio es el de los millones de trabajadores y jóvenes que claman por un nuevo proyecto y proceso político. Y ante ello el miedo y el inmovilismo a la espera del “mirlo blanco”.

La pretendida prudencia ante la crisis profunda se convierte así en una temeridad suicida respecto al futuro. Si alguien espera que el mero deterioro del Gobierno Rajoy nos lleve de nuevo a la Moncloa simplemente aupados en la ola del rechazo, es entender poco de los procesos de fondo. Cuando mas se tarde en que se alcen voces proponiendo otro PSOE (independientemente de los matices políticos que se quieran marcar) mas profundizaremos el camino hacia la irrelevancia política y social. Obviamente hay una fuerte responsabilidad en la dirección federal y las baronías en la perpetuación de los fuegos de artificio, pero también de cada uno de los dirigentes que se mantienen en el mutismo y también sin duda en todo militante para el que ha llegado también la hora de hablar, de agruparse, de discutir, de proponer. Solo un partido con vida será capaz de compartir la vida con la sociedad en la que está.

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La venganza perfecta
27 diciembre 2012, 1:10 pm
Filed under: Opinión

Puerta del SolPor Iosu Perales. La involución que está impulsando el Partido Popular en todos los ámbitos de la vida, forma parte a mi modo de ver de un recorrido circular que pretende retornar al autoritarismo político y la centralización del Estado, con el añadido de un neoliberalismo que no era propio de los años setenta. No se trata, desde luego, de la restauración del franquismo, que terminó agotado como régimen, pero sí la reinvención de un modelo que bajo la hegemonía de la derecha y la cobertura de una democracia lánguida y formal, está apuntalando graves recortes, no solamente sociales sino que también en los derechos y libertades.

Si la derecha de los setenta tuvo que tragar el cáliz amargo del fin del franquismo, ahora, con la complicidad posiblemente inconsciente de quienes facilitaron una transición cobarde, esa misma derecha, en versión del siglo XXI, está ejerciendo su venganza perfecta.

Como era de esperar, la instauración de una democracia parlamentaria obtuvo un inmenso apoyo popular a la muerte del dictador. Un respaldo que se mantiene en la actualidad. Sin embargo, al correr de las décadas, este apoyo se conjuga con una creciente desafección política de la ciudadanía que cada vez más juzga negativamente a los políticos, como consecuencia del siguiente hecho: se ha levantado sobre la sociedad un sistema político, fuera del control de la gente, contrapuesto a la vida asociativa y en el que florecen camarillas y burocracias con intereses propios. Sistema al que han contribuido fuerzas políticas de diferente signo. En este escenario, la derecha ha esperado su gran momento, y lo que antes no pudo hacer desde el gobierno central, ahora, bajo la coartada de la crisis, lo está implementando a gran velocidad. Casi cada día toma una decisión regresiva que nos lleva a una sociedad partida en categorías en lo referente al disfrute real de derechos.

Gobernar apoyándose en las urnas resulta extremadamente ventajoso. Se obtiene legitimidad y consentimiento. Claro que conocemos numerosos ejemplos en los que las urnas dieron lugar a la conformación de gobiernos autoritarios de uno u otro signo. Y es que hay una diferencia sustancial entre ser demócratas y valerse de la democracia. Lo primero significa extenderla y profundizar en su ejercicio incluso como respuesta a sus crisis; lo segundo es simplemente confundirla con la votocracia y usarla para reducirla al máximo posible. Es verdad que al menos la vida política actúa como caja de resonancia de los problemas de la gente, pero lo hace sobre todo como amortiguadora de esos mismos problemas. Lo cierto es que la derecha española, tras vivir décadas en las que ha tenido que soportar medidas sociales progresistas, gracias en buena medida al empuje de la sociedad, está viviendo en la actualidad, sin apenas oposición, su instante de gloria.

La democracia parlamentaria que tenemos, tal vez con merecimiento, es inconsecuente, hipócrita, y se sirve de los grandes medios de comunicación para condicionar al electorado. El escaso peso del parlamento es proporcional al peso creciente de un modo de gobernar coactivo y por decreto. Al votar, cosa que hago, me pregunto si no estoy contribuyendo a reproducir el sistema en lugar de transformarlo. Sin formularse esta pregunta, como expresión si se quiere más instintiva, mucha gente ha dejado de votar. Hay que reconocer que otra mucha gente acude a las urnas más como oportunidad de identificarse, de ser alguien, aunque sea por la vía imaginaria de verse reflejado en un partido o en un líder.

Nos encontramos en una encrucijada: tenemos una deficiente democracia que, lo que es peor, está siendo utilizada por la derecha para reconstruir su hegemonía traducida en un modelo social sectario, brutalmente clasista, y en un régimen político vertical que actúa contra lo social y subordina a la sociedad. En su defensa, los defensores de una democracia que busca sobre todo el consentimiento de los gobernados, nos recuerdan que podemos votar cada pocos años y producir alternancias de gobierno. Lo que no dicen, sin embargo, es que las promesas incumplidas, elección tras elección, suponen la quiebra de un contrato contraído con el electorado, y tampoco nos recuerdan que el sistema construido ha dejado a la política en un segundo lugar, haciéndola funcional a los intereses del verdadero gobierno: el sistema financiero o eso que se llama Mercado. Podemos elegir entre cabezas de lista pero tenemos vetado reprobar al señor Mercado que es el que siempre gana.

En este escenario el escepticismo crece. Pero no debemos instalarnos en él, pues ello supondría nuestra peor derrota. Al contrario, la respuesta más acertada a cuanto está ocurriendo es defender cada milímetro de la democracia, y luchar por el ensanchamiento de derechos libertades. No podemos permitir que la lectura derechista de lo qué es y debe ser la democracia salga ganadora. No podemos aceptar que la democracia sea usada como un embudo para que la política sea reducida, minorizada e identificada únicamente como la política institucional. Hoy día, instituciones y partidos defienden el monopolio de la política y se defienden con uñas y dientes de todo movimiento social. Frente a esta realidad la democracia participativa es la respuesta, el antídoto contra su adelgazamiento y languidez. Por eso, independientemente de aciertos y errores los movimientos del 15-M y 15-S son como el aire para respirar: el oxígeno de la democracia.

Hemos de defender asimismo el sistema de partidos políticos. Paradójicamente. Pero es necesario porque es parte de la centralidad de la democracia. Sin partidos tendríamos un régimen de pensamiento único. Ahora bien, hemos de ser muy exigentes con los partidos políticos. Para empezar deben entender que en ellos no se acaba la actividad política. Sé que les molesta, pero en la sociedad civil hay una riqueza de pensamiento y de propuestas con frecuencia más lúcidas que las que emanan de sus filas. En los partidos se ha instalado una pereza intelectual para complejizar y problematizar conceptos y paradigmas. Prefieren el camino fácil del raca raca, del pensamiento pobre; prefieren la disputa política en términos de descalificaciones e insultos, antes que elaborar razones y planteamientos positivos. De verdad sobran los partidos atrápalo-todo, los profesionales-electorales o los mediáticos, y faltan partidos responsables, constructores de sociedad, y dispuestos por ello ha ser monitoreados por la ciudadanía.

Mi tesis, por consiguiente, es que la derecha en el gobierno central impulsa una involución dirigida a acabar con el estado del bienestar, al tiempo que utiliza métodos coactivos para lograr la decadencia de la sociabilidad (pretende individuos pasivos, expectantes, insolidarios, timoratos y disciplinados) y trata de imponer una democracia reducida a votocracia, plenamente sometida a los poderes económicos. Enfrentarnos a ello es reivindicar el lugar de la política y su centralidad en la toma de decisiones que afectan al conjunto social. Ojalá haya partidos políticos capaces de situarse en esta perspectiva, de animar la participación ciudadana en la vida pública, y de hacer de la política un servicio a la sociedad y no un reino para sus intereses.



DESAFECCIÓN POLÍTICA EN ESPAÑA
27 diciembre 2012, 12:55 pm
Filed under: Opinión

Puerta del SolPor Agustín Baeza Díaz-Moreno. Desafección hacia la política, hacia las instituciones, hacia la clase política, hacia los políticos. Son expresiones que forman parte del paisaje cotidiano en nuestro país y que pueden escucharse a todas horas en la calle, en los centros de trabajo, en las reuniones, y en los debates en los medios de comunicación. Existen innumerables estudios, sondeos de opinión y percepciones sociales que muestran dicha desafección. Es un hecho real con el que vamos a convivir durante bastante tiempo, pero al mismo tiempo es urgente preguntarnos el porqué, y también qué y quiénes son los sujetos de dicha desafección.

La desafección es injusta para algunos, comprensiva para la mayoría y decepcionante para los que pensamos que la política es la única solución a los conflictos, a la gestión adecuada de los asuntos comunes y al progreso transformador y democrático. Sin política, el mundo seguiría funcionando, sí, pero también sería un mundo más agresivo, injusto, incivilizado y cruel. En cualquier caso siempre existirá la política, aunque ni siquiera se invoque su nombre, cosa bien distinta es si el modelo político es democrático, involucionista o autoritario. La política democrática es la solución para la convivencia en sociedad y por tanto, la conclusión debe ser que la desafección ciudadana no es hacia la política (soy de los que piensan que los ciudadanos se apasionan por la política hoy más que nunca) sino hacia la forma tradicional de hacer política y al modelo institucional en el que se lleva a cabo.

¿Qué ha pasado para que España se haya deslizado por este tobogán tan peligroso? ¿Cómo una sociedad ha podido transitar desde la emoción y el júbilo hacia la recién recuperada democracia hace sólo 30 años, a la decepción más absoluta y la crítica feroz al sistema? ¿Qué soluciones existen a este creciente y preocupante fenómeno?

Muchas preguntas complejas y respuestas nada sencillas, pero que hay que poner encima de la mesa si no queremos que este vendaval se lleve por delante la democracia. La izquierda política y social debe ser consciente del momento histórico que atravesamos y articular una solución cabal y democrática, desde la pluralidad, alejada de soluciones partidistas, pues no está en juego el próximo gobierno o los próximos resultados electorales, sino que hay un riesgo real de que esta desafección sea resuelta por vías autoritarias. No debemos olvidar que en la sociedad española anidan todavía sentimientos y posiciones cuya desafección no es a la política, que en el fondo desprecian, sino que utilizan la crítica exacerbada a aquella para ir a a la caza del trofeo que más ansían: la caída de la democracia.

La izquierda política y social tiene la responsabilidad de afrontar esta desafección, pero debe hacerlo de manera radicalmente opuesta a lo que hemos aprendido durante varias décadas. No lo conseguirá ya apelando a la superioridad moral de sus valores, al miedo a la derecha y a la adhesión inquebrantable a las vetustas marcas partidistas como proveedoras de nuevos manás electorales. Sólo será capaz de hacerlo si entiende que el modelo institucional de los últimos 30 años está caduco, si se muestra audaz y transforma sus métodos y herramientas adecuándolos a la nueva sociedad, y si tiene coraje para abandonar muchos clichés y malas compañías que lastran cualquier esperanza para el futuro.

Para abordar este colosal desafío hay que entender primero las causas de la desafección política en la sociedad española que a mi juicio son básicamente tres: El modelo institucional que surge de la Constitución de 1978, las nuevas realidades económicas y sociales y la crisis de la democracia representativa.

1. Crisis del modelo institucional

El modelo institucional que surge con la Constitución de 1978 ha dado a España la mejor etapa de desarrollo económico y social de toda su Historia, pero esconde en su génesis y posterior desarrollo algunas claves que explican la actual crisis de gobernanza. Un modelo que está agotado y que exige una refundación del marco institucional para afrontar la dura realidad actual.

No podemos caer en la ingenuidad o maldad (dependiendo de quien la exprese) de pensar que la vuelta a los consensos de la Transición y a las esencias de nuestro mito fundacional van a poder reconducir esta terrible desafección política, sin modificar de raíz el sistema.

El gran Pacto que surge en la Transición y que desemboca en la redacción y aprobación de la Constitución Española de 1978 fue muy desequilibrado. Por una parte, los defensores del régimen que ocupaban todas las esferas del poder desde el político y mediático, hasta el militar, judicial y económico, trataron de impedir que el proceso democrático no pasara de meros ajustes cosméticos respecto al régimen dictatorial. Por otra, los partidos clandestinos y fuerzas sociales que se manifestaban en favor de la recuperación de las libertades políticas y sociales, y la construcción de un nuevo Estado político, democrático y de derecho.

Este modelo ha permitido la mejora de la vida de los españoles, sí, pero también el desarrollo de una democracia de baja calidad que ahora los ciudadanos cuestionan. El mayor poder de negociación de las fuerzas conservadoras del antiguo régimen les permitió dejar intacto su poder económico, mediático y social, conservándolo en muchos casos hasta nuestros días. Cuando hoy se escuchan las críticas a los bancos, a la Justicia, a los grandes grupos empresariales y a los políticos no se puede olvidar que buena parte de sus protagonistas (o sus herederos) permanecen al frente del poder político, económico e institucional desde hace décadas. ¿Van a ser ellos los que alumbren un modelo de democracia de mayor calidad? Sería ingenuo pensarlo.

A pesar de que tras dos breves gobiernos de la extinta UCD fuera el PSOE quien gobernara durante casi 14 años, siendo el impulsor de grandes avances como la incorporación a Europa, la construcción del Estado de Bienestar y la modernización de infraestructuras y servicios públicos, lo cierto es que durante los años 80 se terminaron de consolidar los poderes fácticos que habían conseguido mantener su estatus en los primeros momentos de la democracia.

En medio de una gran campaña mediática que glosaba las bondades de nuestra recién adquirida democracia y una ciudadanía ilusionada con esta nueva etapa, se fue estableciendo un nuevo establishment en todas las esferas. Un establishment conformado en parte por las viejas élites franquistas, travestidas de demócratas, pero también por las nuevos representantes de Partidos y organizaciones que se incorporaron procedentes de los nuevos espacios democráticos.

Es un lugar común pensar que la desafección política es un fenómeno reciente, de los últimos tres o cuatro años. Nada más lejos de la realidad. Esa desafección comenzó a producirse ya en los años 80 con los duros ajustes y la reconversión industrial y alcanzó picos tan altos a los que conocemos ahora durante los últimos gobiernos de Felipe González y los de Aznar. La novedad reside en que la sociedad ahora es más madura, está mejor formada, y, sobre todo, tiene al alcance nuevas herramientas tecnológicas que han permitido la formación de una mayor conciencia cívica y una capacidad de comunicación, debate, conversación y activismo en tiempo real que ha desbordado al viejo establishment.

La sensación generalizada de que directivos de bancos y grandes empresas, propietarios de grandes grupos de comunicación y el resto de actores que conforman estos poderes fácticos, no sólo condicionan, sino que directamente exigen y consiguen del poder político medidas favorables a sus intereses al margen del contrato que los dirigentes políticos contrajeron con los ciudadanos en las urnas, ha terminado por quebrar la confianza ciudadana en el actual sistema político.

Los partidos políticos se configuraron en la Transición como los actores claves de la democracia y desde sus orígenes se auto-concedieron un estatus que les ha permitido monopolizar la representación de la población no sólo en el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, sino en buena parte de los órganos constitucionales e instituciones económicas (Tribunal de Cuentas, Medios de Comunicación Públicos, Cajas de Ahorro, Organismos Reguladores). Los dos grandes partidos de nuestro país, PSOE y PP, que han mantenido con sus pactos bilaterales este modelo son vistos hoy por buena parte de la ciudadanía como aparatos cuyo único objetivo es el poder, pues sus dirigentes son vistos como parte indisoluble de ese establishment.

La Jefatura del Estado, que tradicionalmente ha sido la institución más valorada por los ciudadanos, entre otras cosas porque los distintos poderes establecieron un cortafuegos a nivel informativo a su alrededor, está en tela de juicio por distintos escándalos. El Sistema Judicial se encuentra inmerso en una grave crisis de gobernabilidad y con una bajísima valoración ciudadana, lo que socava los principios claves del funcionamiento del sistema. Y los grandes medios de comunicación con fuertes vínculos con los partidos hegemónicos y condicionados económicamente por los poderes financieros que los sostienen, se han convertido en la mayoría de los casos en meros defensores de la ortodoxia de los grandes partidos, silenciando o amplificando noticias en función de los intereses de cada uno.

2. El Establishment y las nuevas realidades económicas y sociales

La gran desafección ciudadana hacia la forma de hacer política ha explotado en medio de la más grave crisis económica de nuestra Historia reciente. Crisis que coincide al mismo tiempo con la explosión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que algunos expertos ya consideran la tercera revolución industrial. Emerge una nueva economía y una nueva sociedad que crecen exponencialmente y al mismo tiempo sigue existiendo una vieja economía y una vieja política que no terminan de morir, sustentada y defendida por el establishment.

Lo grave es que en la vieja economía están atrapados millones de ciudadanos, condenados al desempleo o empleos precarios, producto de un modelo económico neoliberal que se ha basado en la especulación y en el enriquecimiento rápido, que ha impedido invertir los recursos de la sociedad en educación, en investigación, en nuevas tecnologías y en abrazar el nuevo modelo económico y social propiciado por las TIC.

Es cierto que ha habido una crisis financiera internacional que ha arrastrado a nuestra economía, pero ¿por qué ha castigado con tanta dureza a nuestro país en comparación con otros países europeos? La respuesta es simple: las élites españolas impusieron durante estas tres últimas décadas un modelo económico neoliberal que ha dado como resultado una estructura económica débil, un oligopolio de los poderes financieros y empresariales, una desigualdad social creciente y una economía de cartón piedra representada por la burbuja inmobiliaria.

En España la socialdemocracia impulsó en sus gobiernos una Economía Social de Mercado y un incipiente Estado del Bienestar que ahora se desmoronan, entre otras cosas por la debilidad de sus cimientos, por la escasa ambición que hubo en materias como vivienda social o el mercado laboral, y por qué no decirlo, porque buena parte de sus líderes cabalgaba a lomos de las nuevas élites sociales y económicas que estaban empeñadas en otro modelo, en otra estructura económica. Una estructura económica que es la causa última que explica que ahora no sepamos cómo abordar la salida de la crisis.

A esa debilidad se ha unido la globalización financiera y el mayor poder de los mercados sobre los gobiernos que hacen inútiles los esfuerzos de estos últimos. Mientras los mercados son globales, las instituciones políticas españolas siguen ancladas al territorio del Estado-Nación. Eso unido, a la creciente cesión de soberanía, primero monetaria, y ahora también fiscal, bancaria y financiera a la UE hacen inoperante cualquier respuesta tradicional por parte del gobierno de turno.

Todo ello constituye otra causa de la desafección política: la sensación de que el ideario tradicional y los programas de los partidos, sobre todo los de izquierdas, ya no sirven. El Pacto que permitió encontrar un equilibrio entre la obtención de beneficios por parte de grandes grupos empresariales y el desarrollo de un modelo de bienestar, se ha roto definitivamente con el triunfo aparente del Mercado sobre el Estado. Hace ya mucho tiempo que los mercados dejaron de temer que la sociedad se deslizara hacia propuestas igualitaristas cercanas a los llamados Estados Comunistas, razón que explicaba la aceptación por parte del Mercado, de las élites y del establishment de ese mal menor que para ellos era el Estado de Bienestar.

El PSOE debe reconocer que si ha gobernado 22 de los 34 años de nuestra democracia su responsabilidad es máxima en esta materia y debe llevar a cabo una profunda revisión de las bases de su ideario en materia de política económica. En España el Estado de Bienestar que existía era relativamente pequeño e incipiente comparado con los países del Norte de Europa. Pero los recortes que está sufriendo y el escenario futuro de restricciones presupuestarias severas, sumados a las crecientes cesiones de soberanía fiscal a través del Pacto Fiscal y de Estabilidad que en España se incorporó a la Constitución en el último gobierno socialista, van a hacer imposible su reconstrucción en un futuro próximo si no se transforma radicalmente el modelo institucional, económico, fiscal y productivo del país.

3. Crisis de la democracia representantiva

Lo comentado hasta ahora explica buena parte de la desafección política e institucional. En este esquema los partidos políticos en su actual concepción son vistos como un problema y no como la solución. La transformación radical en sus estructuras, formas de funcionamiento e ideario resultan imprescindibles. Si no lo hacen serán otros modelos de partidos, movimientos y organizaciones quienes acabarán llevando a cabo las transformaciones que la sociedad reclama.

Hay una nueva sociedad que los viejos modelos organizativos de la izquierda no acaban de entender. Creen que la expansión de las TIC, internet y las redes sociales es sólo tecnología. Se equivocan, estamos ante una nueva cultura, una nueva sociedad, una nueva economía, un nuevo espacio de ciudadanía, una nueva forma de interactuar y relacionarnos. Es un nuevo ecosistema sobreimpresionado sobre la sociedad que la ha transformado radicalmente.

Acontecimientos y actores sociales como el movimiento del 15-M, los indignados, y los diferentes colectivos que vienen manifestando en las calles y en las redes sociales su desapego al sistema político han sido posible gracias a las TIC, pero se han constituido en una nueva forma de acción y activismo político. Si la gente puede por su cuenta auto-convocarse, debatir, discutir, proponer, acordar, etc, entonces los actores políticos tradicionales, como partidos y sindicatos, pasan a ser cada vez más irrelevantes para ellos.

La izquierda política, sobre todo el PSOE que ha sido partido de gobierno, está ante una disyuntiva clara: O se transforma radicalmente o acabará siendo irrelevante. Esta vez no se trata de elegir un líder, renovar el programa o mejorar su funcionamiento. Esta vez la cuestión es que hay que hacer todo eso a la vez y de forma radicalmente distinta, pues si no la desafección ciudadana sólo irá en aumento.

La desafección hacia la política es sobre todo una crisis de la socialdemocracia. La acción política no puede consistir meramente en alcanzar el poder diciendo a la gente que una vez allí se transformará la realidad, pues lo que percibe la gente es que el establishment ya se encargará de transformar a los que lleguen al poder. Ese viejo esquema explica en parte que en el interior de las organizaciones se hable más de control orgánico, de jerarquías, de listas, y de debates personales sobre militantes y dirigentes, que de proyectos transformadoras, de nuevas ideas elaboradas en diálogo abierto con la ciudadanía y de un nuevo horizonte político socialmente democrático.

Los partidos de izquierda con su estructura vertical actual son incapaces de entender una sociedad en red como la que la nueva cultura digital está construyendo. La gente no quiere votar representantes cada cuatro años, quiere conversar, participar, preguntar, ser respondido, ser consultado de manera permanente y continua. La nueva sociedad en red demanda una democracia más directa, una democracia de mayor calidad.

Los partidos de izquierda si quieren formar parte de la solución a la desafección ciudadana (no hablo de liderar) tendrán que ser más democráticos. Tendrán que elegir a sus dirigentes por primarias abiertas a toda la ciudadanía. Tendrán que consultar permanentemente a sus afiliados, simpatizantes y conciudadanos. Tendrán que ser capaces de articular redes ciudadanas de conocimiento, de ideas y de proyectos. Tendrán que tejer más redes y tener menos sedes. Tendrán que ser capaces de abandonar su partidismo actual y abrazar grandes alianzas de progreso para desde el activismo político generar apoyo en la base social.

Y también tendrán que ser capaces de reformar el sistema electoral para que existan listas abiertas, nuevas formas de democracia directa, mecanismos de des-elección (Recall), obligatoriedad de debates y consultas a la ciudadanía ante algunas decisiones., e impulsar una legislación sobre el funcionamiento de todos los partidos que regule su forma de funcionamiento, fiscalización y auditoría externa de su financiación.

Y sobre todo tendrán que ser capaces de librarse del peso del establishment que se cobija entre sus filas. Sólo rompiendo con los responsables de la situación política y económica del país podrán volver a tener la confianza de la mayoría social. Sólo así podrán cambiar su visión del ejercicio del gobierno, para que cuando vuelvan al poder lo transformen y no lo reproduzcan como se ha hecho hasta ahora. Transformación que debe pasar por una amplia reforma de la Constitución Española y las Leyes Orgánicas que rigen el sistema institucional, el Parlamento, el Sistema Judicial, el Estado Autonómico, el Sistema Fiscal y el Estado de Bienestar.

En definitiva, deben impulsar una Segunda Transición desde parámetros muy distintos a los utilizados en 1978, para pasar de una democracia de bajo nivel a un verdadero sistema democrático que transforme la desafección ciudadana actual en apoyo leal, responsable y compartido a un nuevo modelo.



Los socialistas de distrito Centro acompañamos en su encierro a los trabajadores del Hospital Clínico San Carlos y el Hospital Instituto Cardiológico de Madrid

Los diputados del PSM, así como los concejales de los grupos socialistas municipales de toda la región –desde Madrid ciudad a otras grandes ciudades como Móstoles, Alcorcón, Getafe, Parla, Valdemoro, Majadahonda, Alcalá de Henares, Rivas, Arganda… Y hasta los más pequeños municipios como Robregordo- se han sumado esta noche a la movilización del colectivo sanitario de la Comunidad y han iniciado a las 21:00 horas, hasta las 9:00 horas de mañana, “reuniones permanentes” en la Asamblea de Madrid y en sus respectivas dependencias municipales, para mostrar su más absoluto rechazo a los planes privatizadores del PP y en solidaridad con la marea blanca.

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En nuestro distrito la Comisión Ejecutiva, conjuntamente con las del PSM de Moncloa y Chamberí, hemos visitado los encierros de los profesionales de la sanidad del Hospital Clínico San Carlos y el Hospital Instituto Cardiológico de Madrid, trasladándoles el apoyo de todas y todos los socialistas y comprometiéndonos a no dejar de defender la sanidad publica, gratuita y de calidad. El secretario general, Chema Dávila, ha subrayado la “Impresionante la capacidad de lucha de estos hombres y mujeres por los derechos de toda la ciudadanía. Son todo un ejemplo a seguir. Un privilegio estar debatiendo con ellas/os”. La concejala socialista de nuestro distrito, Marisa Ybarra, participó por su parte en el encierro del Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Madrid.

Más información en la web de los socialistas de distrito Centro.



Los socialistas de distrito Centro apoyamos la recogida de firmas que han emprendido los vecinos amenazados de desalojo
18 diciembre 2012, 11:17 am
Filed under: Actividades, Agrupación, Asociaciones, Distrito Centro | Etiquetas: , ,

La EMVS (Empresa Municipal de Vivienda y Suelo) sigue amenazando con desalojar a 120 familias de cinco edificios con alquileres sociales ubicados en nuestro distrito (c/San Cayetano 8 y 10, c/ Embajadores, 46; Carrera de san Francisco, 16 y c/Madera 24-26).

Los vecinos/as han creado ya una Plataforma contra la privatización y el desalojo forzoso de viviendas de alquiler social para “luchar contra este ataque a sus derechos fundamentales que, son los de todos y todas”, señaló en secretario general de la Agrupación Chema Dávila.

Desde la Comisión Ejecutiva de distrito Centro se ha asesorado y apoyado a nuestros vecinos/as desde el primer día en el que se pusieron en contacto con nosotros. También el Grupo Municipal Socialista ha estado pendiente de los acontecimientos y ha adoptado diversas iniciativas en el ámbito institucional. Ayer, la Plataforma trasladó a la Comisión Ejecutiva del PSM de distrito Centro una Hoja de Recogida de Firmas.

La Comisión Ejecutiva de distrito Centro apoyará la recogida de firmas a través de los militantes socialistas en todos los barrios. La hoja de firmas podéis descargarla también en esta web Podéis enviárnosla por mail o poniéndoos en contacto a través del teléfono 678540357. También puedes firmar la petición abierta en change.org

Así mismo el domingo acompañamos, junto a los compañeros del Grupo Municipal Socialista, a los vecinos ante la amenaza de desalojo de uno de los vecinos en la calle de San Cayetano junto a los compañeros del Grupo Municipal Socialista.



Charla coloquio con Antonio Carmona: la alternativa socialista a los presupuestos de Madrid
15 diciembre 2012, 11:06 am
Filed under: Actividades, Agrupación, Asamblea de Madrid | Etiquetas: ,

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