Bitácora de los socialistas de distrito Centro


LA CULPA ES DE CICCIOLINA
28 mayo 2013, 8:28 pm
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JesusPrietoPor Jesús Prieto García. Alfonso Guerra combatió hace unas semanas a las listas abiertas pues serían “un peligro porque necesitan unos promocionados. Eso genera una corrupción total”. Fue durante una conferencia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, y para justificar su tesis puso como ejemplo Italia, donde existió un sistema de listas abiertas que originaba diputados que representaban “a Olivetti o a la Fiat”.

Dios nos libre de polemizar en nada con Alfonso Guerra. Es verdad que un hijo del fundador de la Olivetti montó un movimiento político y fue diputado un par de años a finales de los 50 hasta que se mató en un accidente. Y cierto es que una hermana del poderosísimo capo de la Fiat, Sussana Agnelli, también fue diputada varias legislaturas durante los años 80.  Pero no veo una conexión muy clara con las pobres listas abiertas. Por poner un ejemplo, aquí en España, Elena García Botín, prima carnal de los Botín de toda la vida, ha sido diputada del Partido Popular  varias legislaturas y con las listas cerradas. Pero quizá este no sea un buen ejemplo, pues fue diputada por Cantabria y a lo mejor tiene razón Revilla cuando hablando de Luis Bárcenas dice que los del PP presentan por Santander una vaca pinta y también sale.  No vamos a culpar a las listas cerradas.

Seguro que en el resto del país esto no pasa. Aunque, mira tú, en las últimas Elecciones Generales se presentó por Madrid otro primo carnal de Botín que al final no consiguió escaño. Y eso que se presentaba al Senado, donde sí que sufrimos esas listas abiertas que necesitan promocionados y generan una corrupción total. Pero creo que esto último fue culpa del candidato, Alvaro Pombo, que como les ha salido un poco díscolo a los Botín, no creyeron que les iba a representar correctamente y al final no le promocionaron ahorrándonos la corrupción total.

Reconozco que hoy  tengo cierta obsesión con los Botín de quienes fui vecino, pero para ser justo os confieso que no creo que necesiten colocar primos en el Congreso o el Senado para defender sus intereses. Personalmente, yo aún no me he recuperado de la bronca que me llevé en una Agrupación por parte de un diputado nuestro, al grito de si yo me creía que el Partido Socialista estaba para defender a Botín. Y eso que ocurrió una semana antes del indulto a Alfredo Sáenz.

Me estoy yendo por las ramas. No es mi intención saldar cuentas, ni meterme con los Botín ni con Alfonso.  Bueno, con Alfonso un poquito. Veréis: Alfonso Guerra es muy listo. Cuando quiere argumentar contra las listas abiertas, no nos habla de Suecia ni de Dinamarca: nos saca a pasear Italia.  Que pillín, que pillín, que bien nos conoce. Sabe que cuando nosotros mismos, en la intimidad de nuestras casas, reflexionemos respecto a Italia y las listas abiertas, no pensaremos en el diputado Agnelli o el Olivetti, de los que no teníamos ni idea. No. Sabe que todos pensaremos en Cicciolina, o en Berlusconi, y en las Belinas, los 40 primeros ministros desde la II Guerra Mundial, los gobiernos pentapartito, los senadores vitalicios, las logias mafiosas, Andreotti y ese horror de los demócrata cristianos, el país ingobernable,  .. Pillín, pillín. Touché, Alfonso, ahí sí que nos has dado. Además, tengo la impresión de que cuando nos hablan de las listas abiertas, pensamos más en el funcionamiento interno de los partidos que en el sistema electoral.

Como parece que el gran peligro al que nos enfrentamos es convertirnos en la nueva Roma, preparémonos y reflexionemos un poco sobre Italia, sus partidos y sus sistemas electorales. Avisamos que es cosa harto difícil, alguien ha contado 19 reformas de su ley electoral desde 1992 hasta las últimas elecciones de febrero 2013, sin que parezca que ninguna de ellas haya conseguido mejorar el nivel “representativo”. Es más, la última gran ley electoral es conocida como la porcelum (la pocilga), mote colocado por el mismo ministro berlusconiano que la cocinó en 2005, la noche en que gracias a su ley Berlusconi perdió contra Romano Prodi. Pero no todo puede ser tan malo. Seamos positivos, centrémonos y busquemos un ejemplo edificante: hablemos de Cicciolina.

¡Ah, la carissima Cicciolina! Aunque ya han pasado 25 años, en nuestra memoria sigue fresca la imagen de aquella actriz porno que gracias a un sistema de listas abiertas consiguió ser diputada del Partido Radical Italiano. El mismo partido que había abanderado la lucha por los derechos civiles y políticos, la lucha contra la corrupción o la integración en Europa, que protagonizó la aprobación de leyes como el Divorcio o la despenalización del aborto. Incluso su líder Marco Pannella era por aquellas fechas un personaje muy popular fuera de Italia; en España los radicales intentaron desembarcar con Fernando Savater y Miguel Bosé a la cabeza. Pero pese a una militancia comprometida y muy combativa, siempre fueron más un movimiento que un partido político al uso, un partido sin disciplina, un partido abierto. Y Cicciolina no fue su primer “experimento electoral”…

Años antes los radicales habían hecho diputado al ideólogo de los terroristas de las Brigadas Rojas, Toni Negri, en medio de una campaña en contra de la prisión preventiva. Negri llevaba 12 años en espera de juicio y se había comprometido a rechazar la inmunidad parlamentaria si salía elegido. Naturalmente al salir electo agarro la inmunidad, se eximió del proceso y se exilió en Francia en medio de un gran escándalo. Pese a que gracias a todo esto consiguieron terminar con las Leyes Especiales Procesales, el caso Negri les costó muy caro. No desfallecieron, tuvieron mejor suerte con otros “símbolos” como Enzo Tortora o Adriano Sofri.

En 1987, el Partido Radical había elegido un nuevo Primer Secretario, también de nombre Negri, Giovanni,  y fue este segundo Negri quien personalmente  reclutó  a Cicciolina y le dio un puesto en las listas. La iluminación le llegó tras ver el show que Cicciolina y cuatro amigas montaron en la Piazza del Popolo de Roma durante una protesta antinuclear, las cinco se despelotaron detrás de una pancarta que anticipaba uno de los lemas más famosos de nuestra heroína “No a la Energía Nuclear, lo que calienta es el amor”. Acabaron todas detenidas saliendo en loor de multitudes mientras recompensaban a sus fans enseñando pechamen a la puerta de los juzgados.

Cicciolina se llamaba Ilona Staller y había nacido en Hungría. En aquel momento tenía 36 años y ya era bastante conocida en toda Italia, no solo por sus  actuaciones y sus películas sino por unos programas de radio muy subiditos de tono, que emitía desde Milán a mediados de los años 70. Poseía  una belleza albina de bote, enmarcada en unas espantosas cejas negras y aderezada con poses de niña tonta y bastante cursi. Tenía su éxito. Incluso antes de su erupción política, entró en la pequeña historia de España al realizar el primer striptease integral de Televisión en el Especial de Nochevieja del 86.

Pensando en la publicidad, Giovanni Negri consideró una idea estupenda añadir semejante circo a las listas radicales, así que concedió a Cicciolina, a dedo, el número 49 dentro de la lista a la cámara de diputados italiana por el Lazio (Roma y alrededores) en las elecciones generales de 1987. En aquel momento para el congreso italiano regía un sistema de listas abiertas parecido al sistema que hoy en día tenemos para nuestro senado.  Naturalmente, ningún grupo económico o lobby promocionó la candidatura de nuestra heroína,  nadie puso un duro. Pero no hizo falta, para eso ya estaban las televisiones y los periódicos. Dos mítines diarios, inevitablemente finalizados con el escote en la cadera y en quince días ya era una estrella hasta en Zimbabue.  Resultado: 17.000 votos, que convirtieron a Cicciolina en la segunda diputada electa en la lista radical por Roma, a punto de pasar al mismísimo Pannella.

Tras su elección el Partido Radical entró en shock, la broma se les había ido de las manos. Hubo dirigentes como Emma Bonnino o Adele Faccio que pusieron el grito en el cielo, pero la mayoría prefirió contemporizar vendiendo la moto de que la diputada Staller sería un gran descubrimiento frente la candidata Cicciolina. En el punto de mira, el Secretario General Giovanni Negri, como gran responsable de que una Porno Star eclipsara completamente la labor de todo el partido. No obstante, la mayoría prefirió trasladar la responsabilidad a los electores frente a los dirigentes del partido. Que espanto de listas abiertas y de país, que nos vota a la Cicciolina, en lugar de que espanto de partido que la mete en sus listas. Aunque el partido al completo acarreó  con las consecuencias, más allá de aquellos que elaboraron las listas, en aquel momento mereció la pena. No sabemos si gracias a Cicciolina, pero el caso es que en 1987 el Partido Radical consiguió el mayor éxito electoral de su historia: un 14% de los votos y 13 escaños.

Enseguida quedó claro que la diputada sería Cicciolina y no Illona Staller. La misma semana de su elección se fue a celebrarlo delante de la Fuente de los Cuatro Ríos en Piazza Navona y terminó procesada al abalanzarse la multitud dentro de la fuente destrozando el pie a uno de los dioses de Bernini. Se recorrió la mitad de las televisiones mundiales dando entrevistas y presentando un nuevo disco. En España visitó el programa de Angel Casas en Barcelona, que además de Cicciolina aquella noche entrevistaba al mismísimo John Kenneth Galbraith (- me reconoceréis que esto sí que tiene un artículo-). La gota que colmó el vaso del resto de compañeros radicales y especialmente de Negri, el Primer Secretario, fue cuando aquella primera Nochebuena, la flamante diputada radical se presentó en Notre Dame, Paris, del brazo del otro Negri, el de las Brigadas Rojas, a rezar los dos juntitos por los objetores de conciencia. Aquello fue la ruptura total y la guerra.

A Cicciolina todo esto le traía sin cuidado, lo suyo era el show. Llegó incluso a presentarse al cargo de Secretario General del Partido Radical. Aparecía siempre con un oso de peluche que era su Cicciolino, apodo que utilizaba para todo. Así, quería dar mucho amor al Cicciolino Andreotti, decía que había hecho cochinaditas en un hotel con el Cicciolino Craxi y hasta llego a ofrecer su inmolación haciendo el amor con el Cicciolino Sadam Hussein, “para que no haya guerra en el Golfo”. Pero no nos equivoquemos, no fue solo el show de una starlette muy lista: Cicciolina era completamente imbécil. Así, respecto al VIH decía cosas como “hay que gastar para combatirlo el dinero que se gasta en armas. Sin embargo,  estoy en contra de las fábricas que están aumentando la producción de preservativos. Todos los que quieren hacer el amor conmigo saben que tienen que hacerlo sin condón.” Sobre el desarme nuclear: “Conozco todas las posturas del Kamasutra y, a diferencia de los grandes líderes, no pierdo mi dinero invirtiendo en misiles, pues esa no es mi política”.

En 1991 se cruzó en su camino Jeff Koons, el hombre que junto a Damien Hirst más daño ha infringido a la Historia del Arte en las últimas décadas. Cicciolina cayó rendida a sus pies y decidió retirarse y dedicarse al arte contemporáneo. Antes, y como los radicales ya la habían expulsado, fundo otro partido: el Partido del Amor, que sería “un partido más horizontal, que vertical” y colocó al frente a una amiga con la que se puso a hacer campaña. Un año después, en 1992, dejo el escaño, se fue con Koons a vivir a EEUU, se divorció de él, luego tuvo un hijo al que pusieron Ludwig, abandonó el arte contemporáneo, se escapó con el niño de la justicia americana y regreso a la primera línea de la política italiana. Todo esto en 1992, pero como también fue un año muy prolífico para España no nos extraña nada. Su regreso le sentó a la amiga del Partido del Amor como una patada y acabaron tirándose de los pelos de mitin en mitin. Entre las dos no sumaron un 1% de los votos en las siguientes generales y finalmente pudieron dedicarse a tiempo completo a desarrollar sus respectivas carreras.

Hasta aquí la historia de la Cicciolina. Puro chiste de principio a fin, pero convertida desde el momento de su elección en símbolo del peligro que tiene permitir al populacho votar a sus representantes en listas abiertas.  Durante años hemos sufrido razonamientos del tipo: si en España instauráramos las listas abiertas la gente elegiría a Jesús Gil de Presidente, a Ruiz Mateos de Ministro de Economía y a Jorge Javier para Cultura. Y si fichamos a la Esteban, barremos. Por el contrario nunca oiremos que el “caso Cicciolina” fuera responsabilidad de la elaboración a dedo de las listas electorales por parte del aparato de un partido, argumento que creo sinceramente fue la razón de fondo. Nuestra heroína llevaba presentándose en diferentes candidaturas desde 1978 y desde su retirada sigue intentándolo constantemente en Italia y Hungría, sin el más mínimo éxito.

En España, la disputa sobre las listas abiertas es maniquea. No hay término medio, o se está muy en contra o muy a favor. Y además es absolutamente previsible: sin temor a equivocarnos podríamos anticipar la posición de cualquiera. En contra de las listas abiertas todos aquellos que están dentro de la dirección de un partido o “disfrutan” de cargo electo. A favor los que no han llegado o ya han salido. Eso sí, los argumentos utilizados en su contra suelen ser más elaborados que la previsible “gilización” de la cosa pública.

Como argumento principal contra las listas abiertas estaría la potenciación de lo individual frente a lo colectivo. Así, las listas abiertas supondrían dinamitar la estabilidad y la coherencia de los programas de cada partido, los personalismos primarán sobre las ideas, adiós a la disciplina de voto. No habrá forma de que ponernos de acuerdo en nada, esto sería ingobernable. Olvidémonos del trabajo en común, cada uno tirará por sus intereses. Cosa que ocurre como bien sabemos en todos aquellos países con un sistema electoral de circunscripciones unipersonales como Gran Bretaña o EEUU, países de sobra conocidos por su inestabilidad y desgobierno.

Pero volvamos al ejemplo italiano. Todas las reformas electorales que mencionábamos anteriormente han ido encaminadas a reforzar las mayorías y el sistema de partidos. Italia ya no tiene listas abiertas, incluso buscando potenciar la estabilidad, la porcelum otorga al partido que tiene un solo voto más que el segundo la mayoría automática en el Congreso. Tendremos que reconocer que el sistema representativo y la gobernabilidad del país ha mejorado mucho desde los tiempos de Cicciolina. Ni rastro en las instituciones de belinas, intereses de los grandes grupos empresariales o mediáticos, la mafia erradicada de la cosa pública. Y además hemos avanzado mucho en la disciplina de voto. Si nos imponen un tecnócrata como Presidente del Gobierno, le hacemos senador vitalicio dos días antes para poder elegirle, y todos amén.

Una variante de la teoría de la “individualización de lo colectivo” es la “colocación del candidato”. Los partidos desaparecerían frente al resurgir de los candidatos. Cada uno se dedicaría a hacer su propia campaña, buscando sus propios recursos, lo que abriría la puerta a que la Fiat y la Olivetti nos colocaran su Consejo de Administración en el Congreso. Por no hablar de los terribles lobbies y los medios de comunicación, que se lanzarían a apoyar y publicitar constantemente a candidatos afines a sus oscuros intereses.

Debemos reconocer que quienes defienden esta tesis tienen razón. Todo esto tiene visos de acercarse mucho a lo que podría ocurrirnos. Al fin y al cabo, partimos de la idea que los electores son imbéciles y todos los políticos unos interesados. Menos mal que hoy día disfrutamos de un sistema de partidos inmune al influjo de los lobbies, los Grupos Mediáticos y las grandes empresas. Qué horror, imaginemos la situación que podríamos encontrarnos: gobiernos en funciones indultando al Consejero Delegado del banco de Botín, partidos que coloquen en el Congreso a primas del mismo Botín (no hablo de Elena García Botín, todos sabemos que llegó a diputada por sus indudables dotes; ahí sigue en la Junta Directiva Nacional del PP), concejales que en lugar de obedecer a su partido obedezcan al constructor de turno, etc…. En fin, el horror.

Otro argumento en contra de las listas abiertas es la “radicalización”. Este se ha utilizado mucho para explicar el fracaso de nuestra II Republica, donde regía un sistema de listas abiertas. Se supone que este régimen electoral llevó a primar la elección de aquellos candidatos especialmente destacados por su radicalidad frente a los “moderados”, lo que a medio plazo habría influido en el colapso de dicho régimen. No podemos negar lo evidente. Quizá fuera así. Ahora bien ¿que entendemos por radicalidad?, ¿la defensa a ultranza de los principios y los programas?, ¿la cercanía a quienes te eligen?, ¿el inconformismo frente a lo establecido?, ¿quiénes eran los radicales?, ¿Besteiro?, ¿Azaña? ¿Lerroux? ¿Gil Robles? Creo recordar que la Falange solo consiguió el escaño de José Antonio en 1933 y en las elecciones de 1936 un 0,7% de los votos y ningún acta. Los comunistas otro diputado en el 33 y 17 en las elecciones del 36 gracias a ir dentro del Frente Popular. En un Congreso de 473 escaños.

Variante de la radicalización es la teoría del circo. Aquí sale Cicciolina. Ya veréis, Chiquilicuatre que se nos presente, Chiquilicuatre al Congreso. Imaginaros doscientos Toni Cantós en la Carrera de San Jerónimo. Contra esto no tengo antítesis, ¿sabíais que Pavarotti estuvo a punto de convertirse en diputado socialista? El mundo es como es, imperfecto. Y la verdad yo prefiero congresos aburridos como el español antes que el circo de los ingleses o tantos otros.

Más: discrimina las minorías. Este argumento es un poco esquizofrénico, pues suele presentarse por los mismos que aseguran que las listas abiertas llevan a la ingobernable fragmentación de las cámaras y concejos. Y en el fondo ambos son contradictorios. Respecto a la representación de las minorías el caso que más se saca a relucir es el de la cuota de representación de las mujeres. Las listas abiertas penalizarían las candidaturas de mujeres. Como todos sabemos que ocurre en Suecia, Dinamarca, Noruega, y demás países con listas abiertas. Hay un estudio muy curioso sobre la experiencia en Polonia, también con listas abiertas, y que demuestra lo absurdo de dicho argumento. Por otro lado, quizá tengan razón los que confían en la paridad existente en las cúpulas de nuestros actuales partidos, mejor seguimos con las listas cerradas que siempre habrá sitio para colocar un gitano, una lesbiana y esas gentes que los gitanos y las lesbianas nunca apoyarían, menos aún el resto de impresentables y reaccionarios electores.

Sobre la fragmentación. Esto sí que es nombrar la bicha. Al final nos vamos a encontrar con partidos / candidato, al estilo Gil. Cada candidato se va a montar su chiringuito, hundirse hasta el fango en busca de su propia financiación, y allá vamos, a los gobiernos Pentapartito. Peligro que parece han evitado las listas cerradas en Cataluña, cientos de municipios y parece evitaran en un futuro próximo en el resto de España. Volvemos al argumento principal, ¿cómo vamos a dejar en manos de esos analfabetos votantes libertad para elegir a esos corruptos candidatos que ya sabemos que son todos iguales?

Y un último argumento: No sirven para nada. En España ya las tenemos en el Senado y solo sirven para que acabemos de los nervios cada vez que nos toca de interventores. Jamás ha conseguido un solo candidato, ya no imponerse por encima de otros partidos, sino escalar en el orden alfabético del suyo. Tesis que naturalmente les invalida todas las anteriores, pero qué más da, la cosa es que funciona.

Normalmente nadie arremete contra las listas abiertas de forma radical. Se tiende también a reconocer sus virtudes. Así nos dicen que serían un síntoma de más democracia, especialmente en sociedades “pequeñas”, acercarían más los representantes a los representados, quizá combinadas con otros procedimientos, quizá tendríamos que buscar mayor trasparencia en la elección de candidatos…

Y aquí llegamos al momento en que impartimos doctrina. Seguramente ya te habrás dado cuenta que Cicciolina es un cebo. La hemos utilizado para que llegues hasta aquí, podrías haberte ahorrado todos los párrafos que le hemos dedicado. Pero tampoco pintaba nada en la discusión de las listas abiertas, y aun así de vez en cuando nos la sacan. La verdad es que entretiene.

Como decía Goya, “el sueño de la razón produce monstruos”. Las listas abiertas no son la solución definitiva al déficit de representación o a la desafección al sistema de partidos. Contienen en sí mismas peligros reales que no podemos obviar. Pero en este momento son absolutamente necesarias, y no tanto en el sistema electoral como en el ámbito de decisión interno de los partidos. Todos los argumentos en contra de las listas abiertas no son tanto exposiciones hacia fuera como hacia dentro. Cuando oigo a alguien argumentar en su contra, no pienso tanto en el Congreso de los Diputados como en el Congreso de mi partido.

Cuando hablan de ingobernabilidad, radicales, intereses extraños, payasos, discriminación de las minorías, abandono de los programas y el libre albedrio de los personalismos, están hablando a los militantes de los partidos. Partidos que se han convertido en los únicos órganos administrativos gestores de la cosa pública y como tales defenderán a muerte su posición. Partidos dirigidos por personas curtidas en luchas internas, que han llegado en muchos casos más por sus conocimientos respecto al funcionamiento interno de los mismos que por otros méritos. Dedicamos el triple de tiempo a colocarnos que a trabajar. Siendo así, nos encontraremos siempre con una élite, la famosa casta, convencida de que son ellos los que realmente saben lo que necesitamos los demás. Este es el único argumento de peso para defender las listas cerradas. Puro despotismo ilustrado y antítesis de lo que todos definiríamos como democrático.

Contra esto debemos potenciar la meritocracia y la representatividad dentro de los partidos. No podemos seguir en el círculo vicioso del peloteo, el seguidismo a ultranza y los pactos a las tres de la mañana la noche de un congreso. Tenemos que aprender a trabajar con todo el mundo y en igualdad de condiciones. Hay que avanzar en el reciclaje de los cargos orgánicos y estos deben llegar por méritos propios, no mediante continuos sistemas de tutela, sumisión y  dedazo. Tienen razón quienes dicen que cuanto más pequeño sea el ámbito, más efectivas son las listas abiertas. Debemos empezar con las agrupaciones, seguramente erradicaríamos la mayoría de los problemas que hoy nos encontramos en ellas.

Las listas abiertas por si mismas no son la solución. Deben ir combinadas con otros instrumentos como son las Primarias, las direcciones colectivas, la democratización en la elección de listas electorales, el recurso continuo a la opinión de los militantes en los temas fundamentales, la rendición de cuentas, etc. Pero no podemos dejar que caramelos como la adopción de Primarias aparquen la profundización en la democratización de los partidos. No solo no avanzaríamos nada, iríamos a peor.

¿Y qué fue de Cicciolina y nuestros amigos los radicales? Pues el Partido Radical desapareció, igual que el resto de los partidos italianos de la época. Bueno, en realidad no desaparecieron, se transnacionalizaron, se convirtieron en un partido europeo. Y así tenemos a Panella vegetando de europarlamentario a sus 83 años.

¿Y nuestra heroína? Pues no ceja en su intento y sigue presentándose a todo lo que sale, sin ningún éxito. Últimamente ha protagonizado nuevas portadas. Cuando el gobierno Monti elevo a 42 los años de cotización para acceder a una pensión de jubilación, Cicciolina volvió a la primera plana al conocerse que disfruta de una pensión vitalicia de 3.108 € mensuales gracias a sus servicios a la patria. Ella se defiende con uñas y dientes: “No me avergüenzo, no he robado a nadie y me merezco ese sueldo…Salía cada mañana desde mi casa con mi Peugot 205, no tenía chófer, y me hacía una hora y media de carretera. Muchas veces volvía después de medianoche…El 60% de mi sueldo se lo daba al partido y del resto tenía que dar la mitad a un abogado que escribía por mí las propuestas de Ley”. También se ha destacado últimamente en la lucha por la renovación de la clase política italiana: “Las reglas del gobierno cambian, pero sus caras siempre son las mismas… y lo más grave es que nuestros problemas son siempre los mismos, pero ustedes solo fingen que nada está mal y continúan pidiendo votos y haciendo que sus gobiernos caigan solo para revivir otra vez. Los años pasan, pero sus caras quedan”.

Pero estas son otras batallas.

Jesús Prieto García es militante de la Agrupación Socialista de distrito Centro.

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